Fraternidad

Colectivo

«Colectivo no significa fraternal. Una colectividad no es una fraternidad. Una colectividad es un conjunto de individuos que no necesariamente tienen vínculos entre sí. Una ciudad, por ejemplo, es una colectividad, pero ¿acaso todos los habitantes que la componen, se conocen, se aprecian, se comprenden y trabajan concientemente para el bien de todos con amor? No.  Esos habitantes, en su mayoría, viven sin preocuparse de los vínculos que deberían unirlos, por lo tanto, no forman una fraternidad.

Una fraternidad, en primer lugar, es una colectividad que posee una conciencia amplia, luminosa. Es una colectividad en donde los miembros están unidos entre sí, en donde no sólo trabajan para su bien, sino que tienen por ideal trabajar para todo el mundo. Una verdadera fraternidad es una colectividad que tiene una conciencia universal».

 

Centros fraternales

«Necesitamos centros fraternales porque son focos de luz  y la luz alegra y atrae a los habitantes de las regiones superiores. Por medio de nuestros cantos, de nuestras meditaciones, de nuestras oraciones, enviamos  a través del espacio rayos que las entidades celestes perciben desde muy lejos y cuando descubren puntos luminosos, a través de las tinieblas espirituales que envuelven  la Tierra,  se sienten atraídas por su claridad y vienen a contemplarlos, vertiendo sobre nosotros sus bendiciones. Es así, que poco a poco nos reconocen y llegamos a ser ciudadanos del mundo de arriba.

Por todas partes en el mundo se necesitan focos de luz, porque ellos hacen el vínculo entre el Cielo y la Tierra. Son canales vivos por donde descienden las bendiciones divinas. Sin este vínculo, la Tierra sería la presa de las fuerzas negras. Si ustedes desean verdaderamente ayudar a su familia, a su país, a todo el mundo, deben hacer todo para crear centros de luz a través de los cuales la Tierra pueda entrar en contacto con el Cielo. Formar tales centros es la tarea más gloriosa que podamos emprender: hacer que todas las almas humanas se beneficien de los esfuerzos que ustedes hacen y que gracias a  su trabajo puedan recibir el alimento espiritual y la alegría».

 

La unidad

«Para nuestra evolución, en el transcurso de nuestras encarnaciones sucesivas, debemos tener la experiencia de todas las situaciones, de todas las condiciones que un ser humano está llamado a conocer. Esta verdad necesita que cada uno de ustedes ensanche su concepción acerca de la existencia. Esto significa que de una existencia a otra, ustedes pueden no solamente cambiar de sexo, sino que  también pueden encarnarse en países diferentes, pertenecer a grupos humanos diferentes, a otras religiones. En esta medida, entonces, ¿qué sentido tienen finalmente las nociones de racismo, de nacionalismo, de luchas de clases, de sexos, de guerras religiosas? Esto no reposa objetivamente sobre ninguna base sólida.

Nuestro espíritu viaja a través del tiempo y del espacio y las separaciones que los humanos pretenden hacer entre ellos no son sino creaciones artificiales producidas por cerebros ignorantes. Un día no quedará nada de estos puntos de vista limitados, porque nadie tiene razón de sus reivindicaciones. Sólo tiene razón el que trabaja por la unidad, por el Reino de Dios en la Tierra».