Melkitsedek

El que viene…

«…Desde la más alta antigüedad siempre ha existido un centro  Iniciático que dirige a todos los demás centros. Todos han sido ramificaciones de este único centro del cual nunca se ha perdido la luz a través de los siglos.

Para mantener la llama de esta luz es  necesario que exista un ser que posea todo el conocimiento y todos los poderes, un ser que sea el representante de Dios en la Tierra, un ser que nunca muera. Este personaje existe realmente; se menciona en la Biblia y en las tradiciones de todos los pueblos bajo nombres diferentes, no se pude dudar de su existencia. La tradición hebraica lo menciona con el nombre de Melkitsedek. Moisés, en el Génesis, cuenta que fue  él quien aportó a Abraham el pan y el vino y que Abraham le dio el diezmo de todo. Él es también de quien san Pablo dijo en la Epístola a los hebreos: “En efecto, este Melkitsedek, rey de Salem, sacrificador del Altísimo −que salió al encuentro de Abraham cuando volvía de derrotar a los reyes  y lo bendijo y al cual Abraham le dio el diezmo de todo− que es ante todo rey de justicia de acuerdo al significado de su nombre y además rey de Salem, es decir, rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía, que no tiene comienzo ni fin, que es semejante al hijo de Dios, este Melkitsedek permanece sacrificador a perpetuidad”».

«Melkitsedek es el representante del Anciano de los días, al que llamamos el Anciano de los Ancianos, la Cabeza Blanca, la Corona. El Anciano de los Ancianos es el nombre de Dios. Melkitsedek tiene la misma apelación porque es su representante. El personaje que san Juan vio y que dijo: “Yo soy el Alfa  y el Omega… el comienzo y el fin”, es Melkitsedek. San Juan fue a su reino adonde fue llamado para escribir el Apocalipsis… Aquí está abierto el primer sello del Apocalipsis.

La orden de Melkitsedek es la verdadera tradición del amor, de la sabiduría y de la verdad. Cuando éstos se instalen en la Tierra, la nueva Jerusalén descenderá en las almas humanas. Nuestra Enseñanza viene de muy lejos. Es una Enseñanza divina de la orden de Melkitsedek. Tiene las mismas prescripciones, las mismas reglas, las mismas prácticas las mismas verdades y los mismos métodos. Bienaventurados aquellos que pueden comprender, aceptar y trabajar».