El yoga de la nutrición

«No sabemos cómo comer, qué alimentos debemos escoger, a qué horas hay que alimentarse.  Todo esto es uno de los aspectos científicos de los estudios de la Fraternidad. Nuestros métodos explican el proceso de la nutrición perfecta. Estudian lo que contienen los diversos alimentos y qué virtudes aportan al hombre. Todos estos conocimientos se han perdido. Actualmente, todo el mundo come cualquier cosa y de cualquier manera. Nosotros explicamos los resultados de este tipo de nutrición defectuosa con la ayuda de ejemplos y aconsejamos igualmente a nuestros discípulos  a verificar lo que se les explica.

Cada vez más las personas se quejan del ritmo acelerado de la vida, del aire polucionado, de los alimentos contaminados por productos tóxicos… y es cierto, ¡hay de qué quejarse! La vida es difícil e incluso a veces es extenuante, pero no siempre hay que acusar a la vida, a menudo, uno mismo es responsable del estado en el que se encuentra. Por ejemplo, no vemos que muchas anomalías vienen de la manera como nos alimentamos, de las condiciones en las que comemos… Ahora bien, justamente en esto se encuentran muchas cosas para ver y rectificar. ¡Cuántas veces lo he dicho! No es tanto lo que ustedes comen lo  que es importante, sino el estado de espíritu en el que comen, la manera de considerar los alimentos.

¿Qué es comer? Es introducir en nuestro organismo materiales que formarán parte no sólo en la construcción de nuestro cuerpo físico, sino también en la construcción de nuestros cuerpos sutiles. Por lo tanto, este acto, que repetimos todos los días, varias veces al día, es particularmente importante que lo realicemos en un estado de paz y armonía, comiendo en silencio. No solamente dejando de hablar, sino intentando igualmente no hacer ruido con los cubiertos. Pero tampoco es suficiente dejar de hablar y no hacer ruido, porque incluso estando callado uno puede comer, pero interiormente es como si no se dejara de hablar: las  penas, los rencores… dan vueltas en la cabeza y así no se puede hacer un buen trabajo en uno mismo. El silencio es una condición que prepara el terreno para realizar un trabajo interior, para meditar sobre la infinita bondad de Dios que puso tantos beneficios en los alimentos.

Los alimentos son fuerzas materiales que no vienen únicamente de la Tierra, sino también del Sol y de todo el universo. Llegan hasta nosotros llenos de la vida cósmica y es importante recibirlos con la conciencia de que van a formar la sustancia de nuestros cuerpos físico y psíquico.

Entonces, hay que estar muy vigilantes porque si los alimentos están impregnados de la vida universal, también se impregnan de nuestras palabras, de nuestros sentimientos, de nuestros pensamientos. Aquel que come en un estado de irritación, rumiando todas las razones que tiene para estar de mal humor contra los demás, no sabe que está impregnando los alimentos de partículas envenenadas y que, al absorberlos, se está envenenando a sí mismo.

Sí, una comida puede ser considerada como un ejercicio de yoga. Hay que estar consciente, despierto, respetuoso, lleno de amor y de agradecimiento hacia los alimentos. En ese momento, todo el organismo se siente listo parar recibir los alimentos  de una manera tan perfecta que ellos, a su vez, se abren y nos ofrecen sus energías más sutiles: los rayos solares de los cuales son la  condensación.

Cuando ustedes tomen los alimentos, cuando los toquen, piensen en impregnarlos de su amor, háblenles interiormente y díganles. “Ustedes, portadores de la vida de Dios, yo los amo, yo los aprecio, yo conozco la riqueza que poseen. Tengo toda una familia que alimentar: millones y millones de habitantes que están en mí: mis células. Por lo tanto, sean gentiles, denle a mis células, la vida.” Si en el silencio se acostumbran de esta manera a hablarles a los alimentos, ellos se transformarán en fuerzas, en luz, puesto que ustedes supieron comunicarse con la misma quintaesencia de Dios.

Para recibir todos los beneficios de los alimentos debemos intentar extraer los elementos de luz y de eternidad y es aquí, justamente, que el pensamiento tiene un papel para desempeñar. Exactamente como un rayo extremadamente penetrante, el pensamiento logra introducirse hasta el corazón de la materia  para liberar de ella las energías más sutiles y enviarlas a todos los centros que están en nosotros, asegurando su distribución.  Sólo las vibraciones intensas de la luz se oponen a los procesos de la enfermedad y de la muerte, a la dislocación, a la fermentación, a la desagregación. Cuando la luz triunfe en nosotros, nos volveremos inmortales. Por esto es tan importante que a través de los alimentos aprendamos a comer y a beber la luz con la convicción absoluta de que recibimos la vida divina».

«Podemos comparar el corazón y el intelecto como a dos organismos que el hombre no deja de alimentar, exactamente como alimenta  su cuerpo físico. Según la calidad de sus sentimientos y pensamientos se  fortalecen o se debilitan estos organismos. Así pues, para comprender bien la virtud que llamamos pureza, podemos utilizar los mismos criterios como en la nutrición. Son las mismas correspondencias, las mismas leyes.

Aquel que come y bebe sin discernimiento y sin control, introduce en su organismo elementos que pueden provocar indigestión, náuseas, cólicos, dolores de estómago e incluso envenenamiento. De la misma manera, aquel que no se preocupa de la calidad de los sentimientos, de los pensamientos o de los deseos de los cuales se alimenta, se expone  a los mismos inconvenientes. Por lo tanto, contrariamente a lo que creen muchas personas, los sabios, quienes dan una gran importancia a la pureza, no son puritanos fanáticos. Solamente han constatado que bajo cualquier forma, las impurezas  les crean problemas. Y si ustedes saben observarse, harán las mismas constataciones.

Cuando ustedes sienten un malestar físico, seguramente es porque absorbieron alimentos impuros. Y por impuros  simplemente hay que comprender: no asimilables por el organismo. Las impurezas son sustancias nocivas porque no pueden ser asimiladas, digeridas, y su presencia en el organismo psíquico provoca perturbaciones.

No es suficiente, ustedes lo saben, que los productos sean comestibles para que uno pueda consumirlos sin tomar precauciones preliminares. La mayoría de las veces,  hay que lavarlos. A las legumbres, a las frutas, hay que quitarles las semillas, las pepas, la piel, la cáscara… y al queso, la corteza. Los pescados tienen que estar arreglados y sin escamas y en el momento de comerlos hay que quitarles las espinas. Reflexionen y verán que casi no hay alimentos que se puedan absorben tal y como uno los encuentra. Incluso, si uno tiene todas las precauciones, una comida nunca es perfectamente pura. Entonces, ¿cómo reacciona el organismo?

De la misma manera que en las fronteras de todos los países hay agentes de aduana que inspeccionan los automóbiles y las maletas para vigilar que los viajeros no pasen algunos productos u objetos de contrabando, igualmente, en el ser humano se encuentra una especie particular de agentes aduaneros que examinan los alimentos y eliminan todo lo que no forma parte de la construcción del organismo: hacen una selección. Ahora bien, a menudo sucede  que por su negligencia, por su inconsciencia, por su mala voluntad, el hombre  perturba el trabajo de esos agentes aduaneros, las entidades encargadas de hacer la selección. Y  entonces estos agentes permiten que pasen elementos nocivos que comienzan a acumularse en él; para hablar científicamente, digamos que el hombre debilita su sistema inmunitario.

Pues bien, los pensamientos y los sentimientos son una clase de alimento y pueden ser más o menos absorbidos y digeridos según su grado de pureza.  Por esto, la escogencia que hacemos de los alimentos en el plano  físico, también debemos hacerla con los alimentos psíquicos con el fin de eliminar los elementos indigestos. El hombre come pan, frutas, verduras, pescado, carne, etc. Pues bien, en el dominio de los pensamientos y sentimientos existen las mismas variedades y las mismas calidades en los alimentos, ¡desde las frutas frescas, recién recogidas,  hasta carne pasada!

Entonces, antes de aceptarlos, estudien bien todos los pensamientos, todos los sentimientos, todos los  deseos que se presenten ante ustedes. Pregúntense de dónde vienen, qué les van a aportar. Si sienten que contienen elementos sospechosos, intenten eliminarlos. Sí, yo sé bien que es difícil. Esta preocupación no se encuentra con frecuencia en los humanos. Cualquier pensamiento, cualquier sentimiento, lo tragan, lo disfrutan, sin preocuparse de los resultados que va a producir.  No ven ninguna diferencia entre ellos. Pues bien, precisamente, es necesario que aprendan a discernir esas diferencias porque con esos materiales construyen  su ser psíquico.

Ustedes dirán: «¿Cómo escoger los pensamientos y los sentimientos?

¿Cómo saber si son puros o impuros?» Es muy fácil. Los pensamientos y los sentimientos personales, egoístas, no pueden ser puros. Todos los pensamientos y sentimientos que sólo atañen  a nuestro interés, sin aportar algo bueno y útil para los demás, son impuros.  Entonces, es fácil calificarlos: la codicia, los celos, la envidia, la rabia, la sensualidad, el deseo de poder, etc.,  todo esto aporta impurezas. Mientras que los pensamientos y sentimientos que  nos impulsan a sólo hacer lo que es bueno y útil para los demás, como la generosidad, la paciencia, la abnegación, la justicia, el sacrificio, etc., estos pensamientos y sentimientos son puros.

Entonces, de ahora en adelante,  ustedes ya tienen un criterio muy sencillo. Evidentemente, no es porque el criterio sea sencillo que la pureza sea algo fácil de realizar. Pero al menos deben comenzar por comprender en qué consiste; después, deben amarla y desearla con todas las fibras de su ser y finalmente intentar realizarla, porque este trabajo sobre la pureza es el que les dará el elixir de la vida inmortal».

«Todos los Iniciados preconizan el ayuno porque saben que purifica el organismo y que la pureza es la base de la salud.

Si ustedes nunca ayunan, las células del estómago y de los demás órganos  se habitúan a contar con su amo, con ustedes mismos. Saben que siempre las van a satisfacer y se vuelven perezosas. Como hay una gran abundancia de alimentos, una parte no puede ser absorbida y se acumula en los tejidos en donde comienza a fermentarse, a podrirse. Mientras que durante el ayuno, al no recibir ningún alimento, las células toman la decisión de volverse más ahorradoras, más sabias y más activas para poder arreglárselas con las reservas y en ese momento no hay fermentación en el organismo.

Si nunca se ayuna, uno se expone a grandes peligros para el futuro porque las células se vuelven pasivas, perezosas y débiles.  Es evidente que cuando se prolonga demasiado el ayuno, puede incluso llevar a la muerte.  Pero cuando se sabe por cuánto tiempo, en qué condiciones y en qué estado de conciencia hay que hacerlo, los beneficios del ayuno son inmensos para la salud.

Es bueno tomar la costumbre de ayunar todas las semanas durante veinticuatro horas. Durante estas veinticuatro horas, ustedes pueden beber agua caliente hervida, nada más. Al mismo tiempo pueden hacer un trabajo espiritual, pueden unirse a las entidades más luminosas, pueden escoger una música y lecturas que puedan inspirarlos y purificar sus pensamientos y sentimientos.

Después de un ayuno de varios días, no comiencen a comer inmediatamente como de costumbre, pues puede producir problemas muy graves y en algunos casos, incluso, la muerte.

El primer día, hay que tomar algunas tazas de caldo suave. Al día siguiente, se puede tomar una sopa con tostadas, al tercer día se puede comenzar a comer normalmente, pero alimentos livianos y no en gran cantidad. De esta manera, no se corre ningún peligro y después de un ayuno así, ustedes sentirán sensaciones nuevas, sutiles: se sentirán rejuvenecidos, despejados, como si los materiales que encumbraban el organismo hubieran desaparecido, como si los residuos y las impurezas hubieran sido quemados».