Oración

«Todo ser posee la facultad de desear ardientemente, de reclamar, de insistir. Y esto ya es orar. No es necesario ser ni sabio, ni letrado para lanzar gritos hacia el Cielo, basta con tener un sentimiento intenso.    Cada uno de ustedes posee la facultad de concentrarse para gritar y pedir socorro y es esta facultad la que puede salvarlos en todas las circunstancias.

Porque sépanlo, a ustedes se los puede pulverizar de tal suerte que crean no queda nada de ustedes. Sin embargo, siempre subsistirá un átomo. Sí, al menos un átomo de ustedes siempre persistirá. Y este átomo puede reconstruirles todo el universo. Este átomo es la facultad de orar, de suplicar. Es el don más grande que Dios le dio al ser humano. Sin esta facultad el ser humano ya hubiera desaparecido desde hace mucho tiempo».

La mejor oración: pedirle al Señor que venga a tomar posesión de nosotros

«Como ignoramos cuáles son los proyectos del Señor con respecto a nosotros, hay que pedirle que nos dé una luz y si persiste la oscuridad, hay que suplicarle, diciendo: “Señor, aún no logro comprender bien, pero al menos haz  todo lo que sea necesario: empújame, incluso sin que me dé cuenta, para que cumpla Tu voluntad, utilízame, ampárate de mí, toma posesión de mí, haz de mí tu morada”.

Suele suceder que uno no conozca la voluntad del Señor en un momento dado. Por supuesto, conocemos la dirección general: siempre es el bien, el desinterés, el sacrificio, el amor, la abnegación, la bondad, la generosidad, etc., pero hay casos en que uno no puede saber precisamente lo que Él espera de nosotros. Entonces, puesto que nos falta la clarividencia, la lucidez, hay que decir: “Dios mío, realiza Tu voluntad, incluso a pesar de mí”. No es dado a todos los hombres tener ideas muy claras acerca del valor o la utilidad de lo que quieren emprender. A veces, uno realiza los proyectos del Señor ciegamente.

Entonces, es necesario suplicarle al Cielo, incluso amenazarlo, para que finalmente, un buen día, pueda utilizarlos. Digan: “Así es, por fin comprendí. No hay nada que hacer con mi naturaleza inferior, es terca, dura, corruptible, no lograré cambiarla. ¡Oh, entidades celestes, remplácenla, envíenme las criaturas más perfectas, las más maravillosas, para que se instalen, para que me guíen, me instruyan y tomen las riendas de mi vida! Y puesto que siglos y siglos no serán suficientes para cambiarla, entonces, amárrenla, remplácenla por espíritus luminosos, capaces de dominarla y hagan, a pesar de mí, que yo pueda realizar sus proyectos”.

Cuando ustedes rezan: “Señor, Dios, ven a remplazar mi personalidad, toma Tú mismo la dirección de mi vida”, no actúan solamente en el plano físico, en las partículas materiales de su cuerpo, sino sobre en todo  en la memoria de las células, en los clichés grabados…  y así los viejos hábitos son remplazados por nuevas facultades, por otras cualidades y virtudes. He ahí una de las mejores oraciones que puede haber en el mundo. Todas las demás contienen un elemento personal, un interés, un cálculo −se pretende conmover al Señor− mientras que con esta oración ustedes se juegan toda su vida con una sola carta al decir: “Señor, estoy listo para morir, Tú puedes tomar mi vida, puedes hacerme desaparecer, pero envíame entidades celestes para remplazar mi naturaleza inferior con el fin de que yo pueda servirte”».

Un método para rezar

«Ustedes dicen que rezan, pero que no obtienen resultados. Aquí está un medio muy sencillo, pero muy eficaz para que se vinculen con el Señor. En el momento en que quieran rezar, creen esta imagen: la de una multitud de espíritus dispersos en todo el mundo y que desde el sitio en donde se encuentren, todos están concentrados en el Creador. A través del pensamiento, ustedes se unen a estos seres para orar con ellos. Así, su voz no se encuentra aislada en el desierto de la vida y  piden al Cielo con otros miles de seres luminosos. Una oración de este tipo siempre se escucha y ustedes se benefician. Debido a que ustedes actúan solos, sus oraciones no alcanzan su meta. El secreto consiste en vincularse a todos aquellos que todo el tiempo están orando en algún lugar del mundo… Siempre hay seres en oración».

«En la Escuela de la Fraternidad Blanca Universal hay muchos otros métodos como el comportamiento, los gestos, es decir, cómo mirar, caminar, escribir dormir, etc., todo encaminado a mejorar plenamente la vida del ser humano, a ubicarlo de nuevo en el lugar que le corresponde dentro de la gran armonía universal».

 «Muchos se imaginan que para ser un espiritualista es necesario consagrarse a la meditación y a la oración. No. Cualquier trabajo, ya sea físico, intelectual o incluso místico, se vuelve extremadamente prosaico cuando uno no introduce en él una idea sublime, un ideal superior. E inversamente, cualquier trabajo prosaico puede ser espiritualizado si uno sabe introducir en él un elemento divino. La espiritualidad no consiste en rechazar toda actividad física, sino en hacer todo en miras de la luz, con la luz y por la luz. La espiritualidad es saber utilizar cualquier trabajo para elevarse, para armonizarse, para unirse a Dios».