Respiración

«Las personas no saben respirar. Respirar es una ciencia enorme que se puede estudiar durante toda una vida sin llegar, por lo tanto, a conocerla.

Se dice en el Génesis que Dios insufló un soplo de vida en su nariz y el hombre se volvió un ser vivo. Evidentemente se trata de una imagen, pero merece detenerse  en ella. Así pues, la vida del hombre habría comenzado por un soplo, el soplo dado por Dios. Y mantenemos este soplo a través de los movimientos de la respiración: inspirar… expirar… inspirar… expirar…

Pero la vida en sí misma no se encuentra en el aire, ni en el hecho de respirar. Proviene de un elemento superior al aire y para el cual el aire es un alimento: el fuego. El aire tiene por función sostener el fuego. La vida es como un fuego que arde en el corazón y los pulmones son como el fuelle que mantiene continuamente el fuego. El origen, la causa primera de la vida es entonces el fuego. Y el aire, que es su hermano, lo sostiene y lo vivifica. Y un día, con el último soplo, el fuego se apaga. El último suspiro, apaga el fuego.

Así pues, vale la pena que nos detengamos en el proceso  de la respiración con el fin de purificar e intensificar la vida en nosotros.

La mayoría de las personas respira demasiado rápido, sin darle tiempo al aire puro de descender  profundamente en los pulmones para remplazar el aire viciado. Es necesario respirar lentamente, profundamente e incluso, de vez en cuando, retener el aire unos segundos antes de expulsarlo.  ¿Por qué?  Para masticarlo. Los pulmones saben masticar el aire como la boca sabe masticar los alimentos. Cada inspiración es como un bocado lleno de energías nuevas; si uno lo expulsa demasiado rápido, los pulmones no tienen el tiempo de asimilarlo suficientemente para que el organismo pueda beneficiarse de las energías.

Aquel que comprende el significado profundo de la respiración siente, poco a poco, que su propia respiración se funde en la respiración de Dios. Porque Dios también respira, pero evidentemente sus inspiraciones se llevan a cabo durante miles y miles de años. Él expira y un mundo aparece; Él inspira y este mundo desaparece. A través del hombre Dios respira más rápidamente, pero en el cosmos sus respiraciones son extremadamente lentas. Por lo tanto, más nuestra respiración es lenta y profunda, más nos aproximamos a la respiración de Dios.

La ciencia de la respiración se ha desarrollado particularmente en India desde hace miles de años, a menudo con técnicas muy complicadas y como ustedes no son yoguis de la India, no les aconsejo que experimenten esas técnicas. Si no son razonables, corren el riesgo de desequilibrarse y destruir su salud como ya les ha sucedido a muchos que se lanzaron imprudentemente a realizar ciertos ejercicios».

«Los ejercicios de respiración son ejercicios de purificación. La sangre circula a través de todos nuestros órganos en donde deposita el oxígeno del aire, se encarga de los desechos y luego va a los pulmones para purificarse. Entonces, si todos los días, ustedes  hacen conscientemente los ejercicios de respiración, podrán, cada vez más purificar su organismo. Y cuando digo conscientemente, se sobreentiende que deben acompañar la respiración con un trabajo del pensamiento, gracias al cual atraerán corrientes y partículas del mundo superior con el fin de despertar los poderes que se encuentran enterrados en el fondo de su ser.
El mejor momento para hacer los ejercicios de respiración es por la mañana, muy temprano, cuando sale el Sol. Lo ideal sería poderlos hacer en la naturaleza para poder beneficiarse de la pureza del aire, porque en el aire es en donde podemos recoger la quintaesencia más preciosa que los yoguis denominan prana.

El prana es una energía vital que se encuentra por todas partes, en la tierra, en el agua, en el aire, en el fuego, siendo principalmente transportada por los rayos del Sol y es en la mañana, muy temprano, que se encuentra más abundantemente. Se puede comparar el prana a las aguas que descienden de las altas montañas, a un río que transporta todos los elementos nutritivos para los peces que lo habitan como para todas las criaturas que viven en sus orillas. El prana es un río de vida que viene del Sol hasta nosotros y nos penetra a través de la nariz y de todos los poros de nuestra piel.

Cuando asistimos por la mañana a la salida del Sol, buscamos recibir esta agua viva que circula en el universo con el fin de que nos purifique, nos refuerce, nos vivifique. Cada partícula de prana es como una gotita cristalina, una pequeña esfera luminosa en suspensión, llena de una esencia espiritual. Y a través de la respiración absorbemos algunas de estas gotas de luz. Al hacer pasar de manera consciente el aire por la nariz, ponemos en marcha, en nuestro cuerpo, algunos centros sutiles que trabajan para extraer esta quintaesencia y, una vez captada, esta quintaesencia comienza a circular. Es como un fuego que corre a lo largo de las ramificaciones nerviosas situadas a cada lado de la columna vertebral. De la misma manera que la sangre circula a través de las venas, las arterias y los capilares, igualmente este fluido muy sutil, el prana, circula a través de nuestro sistema nervioso. Es un alimento que incrementa en nosotros la vitalidad, el equilibrio, la lucidez. De la manera como respiramos, entonces, depende no solamente nuestra salud física, sino también la adquisición de las facultades espirituales, el despertar de los chakras».